Live Filters, o nuestro insaciable anhelo de ser otros

La primera vez que vomité un arcoíris en Snapchat sentí que algo gordo estaba pasando. No sólo porque Snapchat como plataforma y código era algo que reventaba mi mente millenial de primera hornada, sino que una de sus herramientas, las snapchat lenses, definían el principio un juego totalmente distinto.

Desde el descubrimiento de Photoshop, el ser humano había sido capaz de tunearse. Las redes sociales y las apps democratizaron el fenómeno y permitieron que cualquiera con un Smartphone y algo de paciencia se convirtiese en prácticamente lo que quisiera, pero había una limitación: tenía que ser en diferido. Podías tener six pack, melena o mirada de acero… pero un simple video, o un Skype desenmascararía al impostor.

Los Live Filters no son una evolución incremental de los filtros tradicionales, son una evolución radical. Abren un gigantesco abanico a nuevas formas de divertirse, relacionarse, y por qué no, engañar.

Aplicaciones como MSQRD ya funcionan con un realismo y rapidez que asusta. De momento sirven para poco más que hacer el canelo en un bar o autocontemplarse horas y horas siendo otras persona, pero las aplicaciones a futuro son muy estimulantes.

La pregunta qué surge aquí es ¿cuál es el siguiente paso?. ¿Seremos capaces de desarrollar wearables que sean engañen a las cámaras de seguridad? ¿Las televisiones sustituirán en directo las caras de los feos?

No me voy a poner distópico, que para eso ya está Black Mirror que lo hacen muy bien. De momento me lo paso muy bien siendo Leonardo di Caprio, Obama o el Joker.

ArtículosChechu Salas