¿Y si lo que nos hace humanos es que somos animales?

Hace unas semanas Microsoft tuvo que retirar a Tay, una inteligencia artificial modelada para hablar como una adolescente. Lo que empezó con “los humanos son supercool” acabó en 24 horas con apología nazi, homofobia, conspiranoias y varias lindezas más.

Las primeras justificaciones del incidente apuntan a que hubo un troleo organizado que influyó en que la “muchacha artificial” se convirtiese en lo que se convirtió.

La pregunta que habría que hacerse es: ¿acaso las adolescentes del mundo real no están sometidas a un ambiente hostil también? Probablemente el troleo que sufrió Tay, lo sufren cada día muchas chicas en sus institutos, sus redes sociales, sus barrios y hasta en sus casas.

¿Qué le pasa a la inteligencia artificial cuando se enfrenta al mundo real?

Hasta ahora hubiera respondido algo como: “es que la inteligencia humana es una máquina muy compleja. Lo que nos hace humanos es la capacidad de improvisar, de atribuir estados mentales, de soñar bla, bla, bla…”

Pero el otro día un amigo me abrió una línea de reflexión muy interesante. Para él, la clave de lo que nos hace humanos debería tener en consideración un enfoque más animal, más básico, con la homeostasis como mecanismo clave y central de todo.

Jamás había metido “homeostasis e inteligencia artificial” en una misma conversación, pero la verdad es que tiene mucho sentido.

La homeostasis es un mecanismo que permite mantener la funcionalidad de un sistema aunque cambie el ambiente… vamos, piensa en un lunes cualquiera.

Siempre he tendido a relacionar el éxito de la inteligencia artificial con las funciones cognitivas superiores, pero nunca me había planteado la importancia que tiene todo lo que hay debajo del neocortex.

El sistema límbico, el cerebro reptiliano o la adrenalina podrían haber salvado a Tay de la situación de agresión que sufrió. Podría haber intuido que algo no iba bien.

Probablemente en unos años a DeepMind, además de cargarle los corpus de conocimiento, le metan un módulo especial que equivalga a 15 años de colegio y Universidad de la calle.

Hay proyectos en desarrollo que combinan no solo inteligencia artifical, sinosistemas endocrinos artificiales o módulos de transición afectiva. Son líneas de investigación que no conocía y me parecen muy interesantes.

Porque como todos sabemos, para sobrevivir ahí fuera, no vale solo con potencia de procesamiento, memoria a largo plazo o lenguaje natural… a veces, hay que salir corriendo como alma que lleva el diablo.